MUMBLE MUMBLE // Mi Cupido también se droga

MUMBLE-6

Mi Cupido también se droga, por desgracia, como el de la mayoría de nosotras. Pero existen esos días, en los que él lleva bien el síndrome de abstinencia, y tú te has levantado de buen humor, porque no te has peleado con el peine y la balanza dice 1 kilo menos… ¡Buuaa, te sientes poderosa! Te miras al espejos y te chocas los 5 a ti misma, campeooona.
El estómago ruge y busco algo para desayunar, para variar, no hay nada. Me visto y voy a comprar pan. Me atiende el mismo chico de siempre. Creo que tiene una enfermedad que, pobrecito, le impide mover los músculos de la cara y sonreír. Entro y le doy los buenos días. Él, contesta con un: “Morgen” que hoy he podido escuchar, pero que por lo general, es simplemente un gruñido. No me afecta. Me tomo mi tiempo para leer los nombres de los panes en voz alta. Me equivoco en la pronunciación. Vuelvo a empezar. No lo miro, pero sé que me está poniendo los ojos en blanco. Me decido y le digo: Ich möchte dieses Brot, (vamos, que quiero pan) señalando cuál. Se gira y me lo entrega en una bolsita abierta. Miro dentro, ha puesto también una palmerita de chocolate blanco. Y me dice: für dich (pa’ ti). Danke, balbuceo inmediatamente. Pago y me voy. Lo sabía ¡Quiere matarme!
Desayuno corriendo, hago mis deberes, estudio un poco y me voy a buscar el metro. En la estación me encuentro de nuevo con ese chico que veo en todos lados, pero que no conozco de nada. Tenemos el mismo horario y la misma rutina ¿o qué? Nos separan unos cuantos metros de andén. Se nos cruzan las miradas, me parece a mí o es como si quisiera decirme algo. Llega el tren, entramos en el mismo vagón, el tren va muy lleno. Cada vez que baja gente, veo que se me acercara un poco más. Empiezo a sentir calor. Me siento traicionada por el bonito tono que empieza a tomar mi cara. Pienso para mí: boluda total.
Siento que me toca el brazo, trago saliva, me hace señas para que me quite los auriculares. Me dice algo en alemán que tal vez hubiera entendido si no estuviera mirando esos ojos verdes. Le pido que repita en inglés. Empezamos a hablar. Al parecer, no soy la única que había reparado en que no era la primera vez que coincidíamos. Justo en ese momento me acuerdo de una frase de Gabo: “Dile que sí, aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contestas que no”.
Y es así, como se te olvida que tienes que ir a clase…

Loving Strangers – Russian Red

Written by Casandra Ruggeri

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